SEVILLA

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Alegría. Quizás se alegría la palabra que mejor resume la esencia de Sevilla. Una ciudad de casi 3000 años de historia que enamora por el estilo de vida de sus habitantes, un pueblo abierto y hospitalario que sabe disfrutar y compartir cada momento.

Y es de sus mágicas calles de donde nace ese espíritu que hace especial a Sevilla, rincones cargados de historia y enriquecidos por los diferentes pueblos que la habitaron y que han dejado en ella una huella que los sevillanos no quieren borrar. Un legado que ha conformado a lo largo de siglos el patrimonio cultural, monumental y artístico que podemos admirar en sus calles, en sus museos, en sus fiestas y su gastronomía.

El clima es otro de los atractivos de la ciudad más valorados por el visitante con unos 300 días de sol al año, una extensión de la calidez de su gente que hace posible que las calles sean el escenario donde cada día se escenifica la apasionada vida de los sevillanos. La Semana Santa y la Feria de Abril, dos de las fiestas más importantes del mundo, reflejan esa pasión en forma de polos opuestos, la alegría y el dolor vividos con la misma intensidad. El Flamenco declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO, que aparece a cada paso en la ciudad que lo vio nacer. Su inigualable gastronomía, un referente mundial que también sale a la calle en forma de las conocidas Tapas, otro de los ejemplos de que en Sevilla todo se disfruta y se comparte en compañía de otros.

Sevilla es en resumen una ciudad que se mantiene viva todo el año, con una continua oferta cultural, musical, deportiva y de ocio que invita a visitarla en cualquier momento y descubrir en primera persona el verdadero atractivo que la ciudad encierra.

GASTRONOMÍA

El encanto de la cocina sevillana no reside en la complicación o elaboración de sus recetas sino en el estilo y en lo sabroso de sus condimentos. Destacan entre sus platos las sabias y simples recetas como el gazpacho, crema fría de diversas hortalizas, el pescaito frito, pescado enharinado y frito en abundante aceite de oliva, los huevos a la flamenca, huevos al plato con tomate, chorizo y otros ingredientes, el cocido andaluz, a base de garbanzos y verduras, el menudo o el rabo de toro.

Sin embargo, el sevillano es frugal en sus comidas, siendo lo más típico de su cocina sus tapas; comidas en miniatura, que se toman al voleo, entre bar y bar, permitiendo por su tamaño probar una gran diversidad de sabores sin llenar el estómago demasiado. Entre ellas destacan, las diversas ensaladas, las huevas de sábalo (con mayonesa o con ensalada a la vinagreta), los pinchos morunos (brochetas de carne de res con fuerte aliño y a la barbacoa), los pavías de pescado (trozos de bacalao rebozadas en una masa de harina y levadura, fritos en abundante aceite de oliva), los caracoles, y las fantásticas aceitunas. Todo ello acompañado por el vino de las tierras vecinas, como el del Aljarafe, el de Jerez, la dorada Manzanillao el de Montilla.

Entre sus dulces más típicos, cabe destacar las Torrijas de Semana Santa, receta de inspiración musulmana con el aditivo hispano del vino y las Yemas de San Leandro, hechas por las monjas del convento del mismo nombre, que es un dulce elaborado a base de azúcar y yema de huevo. En Estepa, provincia de Sevilla, se producen los tradicionales Polvorones, Mantecados y Alfajores, dulces que en toda España se consumen en Navidad.

FIESTAS Y COSTUMBRES

La primavera concentra las dos de las celebraciones más importantes del mundo, cada una con un carácter diferente: La Semana Santa y la Feria de Abril. Los sevillanos viven la Semana Santa todo el año, pero es cuando comienza la Cuaresma cuando los preparativos se aceleran. Las calles comienzan a oler a incienso, las bandas de música apuran sus últimos ensayos, los escaparates de las tiendas se adaptan a esta época del año, los templos abren sus puertas para los besamanos y besapiés y los bares y restaurantes ofrecen su gastronomía de Cuaresma con el bacalao como producto base. Durante la semana de pasión, cuando la intensidad de esta manifestación religiosa y artística alcanza su culmen, el ambiente es indescriptible, la ciudad se transforma completamente.

En muy poco tiempo, la ciudad cambia su atmósfera de recogimiento y misticismo por una explosión de color y alegría centrada en el Real. Una semana que comienza con el ‘Alumbrao’, momento en que se ilumina todo el recinto ferial y se cena pescado frito (pescaíto) y que concluye con los fuegos artificiales.

La Navidad es la tercera época de gran atractivo turístico en la ciudad. Sevilla se ha convertido en un nuevo referente para las personas que quieren pasar estos días en una ciudad que vive la Navidad de manera auténtica y tradicional, con un buen clima y una amplia oferta cultural.

Pero hay otro momento del año en el que la ciudad merece especialmente la pena visitarse: el verano. Siendo una ciudad de temperaturas altas, también es cierto que lleva siglos de ventaja a otras ciudades en métodos para combatirlas. Las calles estrechas, los toldos o velas, los sistemas de agua pulverizada o los refrescantes platos veraniegos o terrazas a pie de río, te permitirán descubrir la ciudad de una forma mucho más agradable.

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